Bien, en esta ocasión hemos leído la primera de tres partes del libro que menciona César abajo. Se concentran aquí seis de los veinte atributos que Raúl Trejo Delarbre propone para caracterizar y entender la Sociedad de la Información (SI):
1. Desigualdad
2. Exuberancia
3. Irradiación
4. Omnipresencia
5. Ubicuidad
6. Velocidad
De los dos primeros rasgos suele escribirse más, o al menos son sobre los que he leído y escuchado mayor discusión. Vale la pena rescatar algunos de los datos y relaciones que Raúl establece para ponerlos en juego. Creo que en la sesión anterior pudimos entrar a esa discusión, y los datos específicos están en el libro, por ello no los repetiré aquí. Sólo diré que cuando llego a pensar en ellos prefiero describirlos como contexto, pero descartar la preocupación, a veces generalizada, de los analistas demasiado críticos (que no criticones).
Por tanto, concentraré mi opinión en los siguientes cuatro. De ellos es de los que me quedo con más cosas. Muchas más de las que había podido encontrar hasta ahora. Y como bien dijo Erika en una de sus entradas anteriores: cada quien va jalando agua para su molino, cada quien habla de lo que mejor conoce y puede reconocer, su propia investigación, su propia inquietud, je.
Tomaré entonces una idea en la que encontré correspondencia entre el análisis de Raúl y mis inquietudes: “Internet no reemplaza ningún espacio: solamente abre nuevas rutas para acceder a espacios que ya existen en la sociedad y, además, crea otros nuevos. Por eso la hemos entendido como una colección de reflejos de la realidad” (Trejo, 2006:86).
Básicamente, lo que me interesa resaltar de la reflexión de Raúl es la posibilidad del reconocimiento de Internet como facilitador de nuevos espacios, o entornos, para la interacción social, no necesariamente de nuevas formas de relación. Quizá en algún momento sí, pero no como una panacea, sino sólo como una herramienta que facilita la interacción al despojarla, aunque sea un poco, de la tiranía espacio/temporal, presencial.
Así, es posible transformar un poco la construcción de los tres penúltimos puntos que Raúl propone en esta primera parte, y darle un viraje hacia una sociedad más individualizada que él mismo deja leer entre líneas, citas y comentarios. Primero los definimos: en primer lugar, por irradiación se entiende la capacidad, casi ilimitada, de propagar mensajes a través de la red de computadoras. Logrando lo mismo, de alguna manera, con las redes humanas. En segundo, aunque ubicuidad sirva en el diccionario para definir omnipresencia y viceversa, Raúl las diferencia como la “capacidad de alcanzar sitios distantes sin movernos del ordenador” (Trejo, 2006: 16) a la primera y la “presencia de accesos [computadoras conectadas] por doquier […] matizada por la disparidad” a la segunda.
Iniciando, o completando, el viraje, según se vea, me atrevo a proponer que la irradiación efectivamente nos permite propagar mensajes de cualquier índole. Pero no sólo eso, sino una parte de nosotros mismos, lo que entiendo por mí, puedo plasmarlo en mi perfil en Facebook, Myspace, Hi5, mi propio blog o un sitio entero, cualquiera, y compartirlo con quien quiera conocerme, al menos superficialmente. Puedo irradiar lo que quiero que se sepa de mí, fortalecer mi individualidad, mi diferencia ante los demás. Conectado con esto, la omnipresencia y ubicuidad jugarían entonces en el terreno de la capacidad que tienen mis cosas (perfiles, fotos, textos, videos y discos, etcétera) de llegar a cualquier parte del mundo. La capacidad que tengo de ir construyéndome a partir de rastros que voy dejando conscientemente, no sólo en cookies espías, de mí en la red.
Queda para la discusión la idea de que no por fortalecer nuestra individualidad las personas somos menos capaces de reunirnos y reconocernos como parte de un grupo, de una comunidad e incluso colaborar entre nosotros. De hecho hay quienes piensan que sin individualidades sólidas las comunidades no pueden existir. Para apoyar un poco esta idea rescato otra de Raúl, cuando aterriza la siguiente tesis, que comenta de lo escrito por Barry Wellman y Caroline Haythornthwaite: “Los internautas no se aíslan de su entorno por el hecho de conectarse asiduamente al ciberespacio [ni tampoco por el hecho de fortalecer su individualidad, añadiría]. En cambio, Internet permite estrechar las relaciones personales que sus usuarios ya tenían e incluso propiciar un contacto tan frecuente que las relaciones de colaboración se incrementan [y las comunidades se consolidan]” (Trejo, 2006:97).
Bueno, para terminar y redondear mi opinión sobre los primeros seis de los rasgos característicos de la SI propuestos por Raúl les dejo una animación de los Adbusters respecto al último de ellos la velocidad. Ésta ha sido una discusión no sólo de los últimos años, ni propiciada únicamente por la SI, con Internet como columna vertebral, sino por el vertiginoso ritmo de vida que hemos adoptado y perseguido desde el inicio de la era moderna en pos de una vida más cómoda: mayor efectividad con mínimo esfuerzo. Es verdad que ante la exuberancia, ubicuidad y omnipresencia de la SI, soportada esencialmente por las computadoras interconectadas entre sí, los rasgos de este tipo de vida se acentúen, pero son muchas más cosas las que nos provocan este ritmo tan acelerado. Intentos como los de esta organización civil y otras personas, como Carl Honoré, por desacelerar un poco nuestras vidas son verdaderamente loables.
Click en la imagen para ver la animación:

Nos vemos en clase ;)
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Para la referencia completa del libro de Raúl, consultar el programa del curso